- 19 de enero de 2026
En un recorrido de 150 kilómetros, la provincia fortalece una propuesta que combina paisaje, identidad cultural y producción vitivinícola de altura.
La Ruta del Vino de Jujuy dejó de ser una proyección a
futuro para consolidarse como uno de los productos turísticos más singulares
del norte argentino. Con un recorrido de más de 150 kilómetros, que conecta los
valles templados con la Quebrada de Humahuaca, la provincia fortalece una
propuesta que combina paisaje, identidad cultural y producción vitivinícola de
altura.
El crecimiento del sector se ve acompañado por nuevas obras
de señalética turística, una herramienta clave para mejorar la experiencia del
visitante y ordenar el circuito, que hoy reúne 20 establecimientos distribuidos
en dos regiones con perfiles bien definidos.
En este sentido, el ministro de Cultura y Turismo, Federico
Posadas, destacó el momento que atraviesa la Ruta del Vino jujeña: “Estamos avanzando
con la señalética tanto en los Valles templados como en la Quebrada. Hoy
contamos con 4 bodegas en los Valles y 16 en la Quebrada, con un crecimiento
exponencial. Buscamos que tanto turistas como jujeños puedan ubicar fácilmente
los establecimientos y seguir potenciando este producto icónico”.
Un recorrido entre dos geografías y dos identidades
La diversidad territorial es uno de los grandes
diferenciales de Jujuy. En pocas horas, el visitante puede transitar desde
paisajes verdes y climas templados hasta viñedos de altura extrema, donde la
vitivinicultura desafía los límites tradicionales.
Valles templados: vino, relax y gastronomía
En el sur de la provincia, los Valles ofrecen una
experiencia vinculada al descanso y la cercanía con la naturaleza. Localidades
como Monterrico concentran proyectos que integran viñedos, gastronomía y
alojamiento, mientras que San Salvador de Jujuy se suma al circuito con
propuestas urbanas que combinan wine bar, cocina de autor y producción local.
Quebrada de Humahuaca: vinos de altura y experiencias
culturales
En territorio declarado Patrimonio Mundial, la Ruta del Vino
alcanza su expresión más singular. Con 16 bodegas en funcionamiento, la
Quebrada propone mucho más que degustaciones: ceremonias ancestrales vinculadas
al vino, ciclos de arte y música, cocina regional y viñedos emplazados a más de
3.000 metros sobre el nivel del mar.
Purmamarca, Maimará, Huacalera y Uquía concentran
experiencias donde el paisaje, la cultura y la producción se integran de manera
natural, destacándose la presencia de la cava más alta del mundo y propuestas
gastronómicas basadas en el concepto de slow food y productos orgánicos de
origen local.
Infraestructura que potencia el desarrollo
La incorporación de señalética específica permite visibilizar
y facilitar el acceso a bodegas ubicadas en distintos puntos de la provincia,
promoviendo un recorrido ordenado y seguro. Esta infraestructura no solo mejora
la experiencia turística, sino que fortalece a los productores locales y
distribuye el flujo de visitantes en todo el territorio.
La Ruta del Vino de Jujuy se consolida así como una
invitación a descubrir la Energía Viva de la provincia: vinos con identidad,
paisajes extremos y una cultura que transforma la geografía en experiencia.
COMENTARIOS
No han dejado comentarios
Escriba su comentario

